Remarse en la noche en un parque, echar a correr tras un arranque de euforia, darse un chapuzón en un estanque con el calor de una caminata rural... Son cosas sanas sin consecuencias negativas (bueno... depende del lodo y de la higiene del estanque) que nos divierten en el momento, nos unen más a las personas con las que lo vivimos y crean una huella de memoria asociada a una sonrisa.
Lo peor de todo es que esas cosas las sustituimos por otras que consideramos "más adultas" y perdemos la verdadera esencia de lo que es divertirse. Una borrachera desmedida que trae consecuencias mucho peores, una experiencia sexual insegura... son cosas que desde luego no hacen los niños, y todos estaremos de acuerdo en que distan mucho de ser maduras. Supongo que volvemos en este punto a la responsabilidad.
Medir las consecuencias de nuestros actos más que la apariencia social de los mismos (ya que ocasiones ambas cosas son incoherentes), puede que sea el más importante de los elementos necesarios (aunque no suficientes) para sentir que nos acercamos cada vez más a un comportamiento y una personalidad maduros...O tal vez en vez de acercarnos lo que no debemos hacer es alejarnos de ese concepto...
Algunos hemos de aprender y vivir mucho aún para llegar a ese punto, pero con tesón y ganas dejó el príncipe de ser rana :)
Es verdad, Carmen, ser maduro no es un concepto, ni una forma de pensar o sentir, sino un estado, al que se llega después de haber vivido y experimentado, que hace que veas y vivas la vida de distinta forma.
ResponderEliminarActuar reprimiendo nuestros sentimientos y emociones (siempre que esté dentro de los parámetros normales de educación y buen gusto), puede llegar a ser un símbolo de inmadurez también, de inmadurez emocional.
Que cada uno sea lo que quiera ser, de lo que se trata, ante todo, es de ser tú mismo: una persona auténtica, libre, natural ...
¡Estoy muy de acuerdo contigo Octavio! Aunque a veces lo del buen gusto también ciegue la naturalidad de la que hablas cuando se lleva a un extremo, creo que haberla mencionado ha sido muy interesante: a veces la deseabilidad social crea un tachón en la espontaneidad, propia casi siempre, en mi opinión, de las personas más admirables y simpáticas.
ResponderEliminarCierto! A veces lo políticamente correcto, hace que nos confundamos a la hora de actuar. Actuamos por costumbre, según usos sociales. Sobre todo si te mueves en una ciudad hace que te sientas casi obligado a vivir según esos parámetros, que no son más que costumbres o usos sociales.
ResponderEliminarMe viene a la cabeza esa frase de "mi libertad termina donde empieza la tuya".
Ahora reflexionando un poco más, creo que la madurez no sólo debe estar asociada a personas mayores, ya que aún siendo muy pequeño, también puede ser alquien maduro, en relación a la gente que te rodea.
Por cierto, FELICIDADES por tu cumpleaños!!!! Besos
Mil gracias Oct!!!
ResponderEliminaresa frase es ideal en este contexto!
Sí, de hecho de ese pensamiento surge el título del post, lo que parecía muy largo ya para extenderme en esa idea: de niños también se tienen responsabilidades (ir a clase, hacer los deberes, aprender a ser educados, llegar a casa a cierta hora...), pero aun así, como aun los estereotipos sociales no han hecho del todo su influencia pueden desinhibirse, y lo mejor de todo que sanamente:le doy la razón a Rousseau en que el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe.
Las responsabilidades no nos vienen de repente, sino que se van transformando, por eso creo que no pueden ser el único elemento a tener en cuenta.
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ResponderEliminarPues sí Carmen, muy bien lo que dices. Un reflejo de eso puede ser el video que has puesto, en el que los que salen se dejan llevar por la euforia del momento, se liberan y dejan de reprimir sus emociones, sacando todo lo que llevan guardado dentro. Y parece un ejercicio sano de mejorarse a uno mismo, lo cual está muy bien, aunque hecho de una manera que puede llegar a parecer antinatural. Pero de esta manera, por un momento, volvieron ser jóvenes, y no por ello inmaduros.
ResponderEliminarAl final parece que es cierto eso que dicen de que todos somos niños grandes.