En nuestra sociedad existe un modelo del amor basado en la posesividad, en los celos y en el control, y este modelo hace pasar por normales muchas conductas que realmente no lo son (véase el "yo confío en ti, pero no en los demás hombres, por eso te digo que te pongas otra falda”...) Esto dificulta mucho intuir qué relaciones están abocadas al maltrato y cuáles no.
Para colmo, parece que flota en el aire la idea de que una mujer puede cambiar a un hombre con cariñitos y arrumacos, como ilustra el aparentemente inofensivo cuento de "La Bella y la Bestia".
Todo esto tiene que ver con el aprendizaje social: a las mujeres se nos enseña ahora a ser independientes económicamente, pero aún no emocionalmente. Se nos sigue pretendiendo enseñar a ser sumisas, a manifestar menos nuestras opiniones, a controlar más emociones como la ira. Aún se puede ver en los colegios cómo una niña violenta es mucho peor valorada que un niño violento.
Por todo esto la violencia de género es un problema social: porque tiene sus raíces en los estereotipos y roles de género que enseña nuestra sociedad, y por eso se debe atacar desde su raíz, desde la educación en la infancia y la adolescencia.
Hemos de hacer que las niñas no quieran ser princesas esperando a que las rescaten y protejan. Mejor que se rescaten solas, así el mundo se verá obligado a escucharlas y a reconocer que también viven aventuras.
Tenemos que dejar de decir a los niños que los "hombres no lloran". Tienen derecho a llorar y a pedir un abrazo de vez en cuando también.
Yaoud
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