martes, 6 de marzo de 2012

Ciudadanía y educación.

El concepto de ciudadanía nació allá en Grecia como primer esbozo de democracia, y nos ayuda a reconocer una serie de obligaciones respecto a los demás, pero también una serie de derechos reclamables. Es por ello un concepto precioso que supone la necesidad de actuar con unos valores. 
Sin embargo, como todo, este magnífico término tiene sus limitaciones, y una de ellas es que en muchas ocasiones la ciudadanía se utiliza para enmascarar las desigualdades sociales: si todos somos iguales todos tenemos los mismos derechos. En este sentido podemos medio copiar a Marx para decir que “el concepto de ciudadanía es el opio del pueblo” porque es, a veces, algo que creemos para sentir que nuestros derechos están totalmente a salvo, mientras que en realidad las desigualdades sociales están ahí y otras personas ejercen mucho mejor, gracias a su mayor poder económico, derechos que supuestamente todos tenemos (como por ejemplo el derecho a una sanidad de calidad).
Otra de las implicaciones del concepto de ciudadanía es que se limita a la vida pública, y no se extiende a la vida privada, de modo que una persona cívica en la calle, que respeta las leyes y es educada, es buena ciudadana aunque al llegar a su casa maltrate a sus hijos o a su cónyuge.
Todo ello por no mencionar que la condición de ciudadano no es algo que tenga todo el mundo, sino algo limitado a los que obtienen la nacionalidad española y no sé qué más cosas que no para todo el mundo son fáciles de conseguir.
Para romper de una vez con estos problemas debemos asir bien el arma más potente que tenemos contra la desinformación y la falta de valores: la educación. Hay que romper con el adoctrinamiento e infundir el pensamiento crítico, así como dejar de ocultar las realidades a los niños y jóvenes infravalorando su capacidad para esbozar una cierta comprensión de nuestro mundo. Hay que hablar de política en las aulas, de realidades sociales, de los problemas que aquejan al mundo y las razones de los mismos, para infundir el interés y la búsqueda de soluciones.
Tenemos que dejar de ser avestruces, escondiendo la cabeza en la tierra para no ver nada que no nos guste.


Yaoud

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