domingo, 26 de febrero de 2012

A esas personas inolvidables

Es curioso que el mismo día en que volví a encontrarme contigo estuviese imaginando un encuentro casual. Bueno… realmente  no es curioso: imagino encuentros casuales a diario con tu persona. ¿Cuántos años han pasado? Desde luego muchos más de los que me gustarían. Y realmente sólo nos vimos unos meses, pero eres tan fascinante que tu nombre jamás podrá darle la mano al olvido. Quizás estoy loca y realmente no eres tan especial… “¡No! ¡No! Claro que lo eres…“, me grita la puñetera voz que siempre me susurra tu nombre con ternura para hacerme temblar.
Me niego a creer que no tendremos una segunda oportunidad. O mejor dicho, que yo no tendré contigo una segunda oportunidad.
Me pregunto a diario si será normal pasar años esperando que vuelva a surgir algo entre tú y yo, o en su defecto conocer a alguien que me recuerde a ti. Si será normal pasar la vida mendigándole al azar de los días un tropezón contigo que me haga llamar de nuevo tu atención.
No hay nadie como tú. Eso sí está claro. Con esa parsimonia eterna, con la sonrisa inalterable, con el porte provocador. Podrías comerte el mundo si quisieras, pero pareces no saberlo. O quizás si lo sabes y de ahí la influencia que ejerces en mi. ¡Qué persona desconcertante! Incapaz de pasar desapercibido.
En la vida de todo el mundo hay gente que viene y que se va. A algunos los olvidamos, a otros los recordamos con indiferencia, pero otros simplemente nos impiden resignarnos a su ausencia. Dependencia, inadaptación… puedes llamarlo como quieras, que yo lo llamaré con tu nombre.

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