"En un inmenso descampado, se alza un viejo edificio habitado por personas de costumbres más bien extrañas que sólo tiene una preocupación: alimentarse. El propietario es un peculiar carnicero que tiene su establecimiento en los bajos del bloque. Allí llega un nuevo inquilino que trabaja en el circo y que alterará la vida de la excéntrica comunidad que lo habita".
Los personajes absurdos están por todos lados. La mayoría son totalmente prescindibles para la trama principal, pero poner énfasis en los pequeños detalles puede que sea lo que más hace entrañable a esta película de Jeunet.
Con una atmósfera entre siniestra y poética el posterior director de "Amélie" y "Largo domingo de noviazgo" hace música con una sierra y sentando a dos despistados al borde de una cama. Una mujer excéntrica y neurótica trata de suicidarse de todas las maneras posibles. También existen analogías con las típicas películas bélicas, y existe un padre sobre-protector y algo imbécil, y niños, y ranas, y los ruidos de las habitaciones están coordinados y todo suena musical, y se siente un poco de tensión, y se ríe un poco, pero no se llora... Es una de esas películas que te deja con una sonrisita tonta en la boca y no sabes exactamente porqué. Una película fantástica.

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