Ayer
debatí con una amiga acerca del famoso "El Beso" de Gustav Klimt. Me
comentó que habían interpretaciones que afirmaban que en la imagen el
hombre estaba forzando a la mujer. Ella dejó de sentir admiración por ese
cuadro tras la duda.
La
duda… Las dudas impregnan nuestra vida como los átomos impregnan la naturaleza. Ni siquiera la ciencia hace afirmaciones
rotundas.
Esto,
lejos de ser angustiante, es maravilloso: si no existen verdades absolutas
podemos escoger las nuestras, y poseer una libertad intelectual casi total para
interpretar el mundo. Podemos elegir creer en un Dios y autosugestionarnos creyendo que nos da fuerzas para afrontar los problemas, o no creer en él y sacar esas
fortalezas de nosotros mismos, sintiendo que crecemos como personas y nos
volvemos resilientes. Desde luego, existen ciertas certezas compartidas por todos: si apretamos una botella se escacha, las cosas caen hacia abajo, pues la gravedad existe... pero lo más puramente humano, lo que compete a los valores, las ideas y las formas de actuar, es totalmente relativo a cada uno.
Es
la ausencia de certezas lo que permite las diferencias sociales y políticas
entre diferentes tiempos y espacios: creer que la realidad es que es mejor un
sistema, una idea o un valor que otro es lo que guía nuestros actos hacia la
consecución física de nuestros ideales, convirtiéndolos en objetivos
alcanzables. Por eso también la libertad de elección de realidades es una
responsabilidad, ya que ciertas realidades condicionan las de otros haciéndoles
daño (véase la realidad que escogió Adolf Hitler).
Mi
realidad es que no existe un Dios: estamos solos las personas con las personas,
y es mejor dar un abrazo a una amiga en un mal momento que apretar las cuentas
inertes de un rosario postrados en el suelo. Mi realidad es que no es asunto
mío lo que hagan otros con su sexualidad, si no hacen daño a nadie. Mi realidad
es que las decisiones del ministro Wert son injustas y opresivas. Mi realidad
es que deberían legalizarse el hachís y la marihuana. Mi realidad es que el melocotón
huele genial. En mi realidad la mujer de “El Beso” está en éxtasis, totalmente
entregada y feliz.
Yaoud
Yaoud
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