lunes, 30 de abril de 2012

La prostitución.

Estoy un poco cansada de oír a los que para otras cosas se las dan de muy progresistas y liberales decir que las prostitutas venden su cuerpo, que pierden totalmente la dignidad o incluso, de las prostitutas con hijos, que éstos deberían quitárselos.
En primer lugar, una prostituta no vende su cuerpo: cuando vendes algo automáticamente deja de ser tuyo. Tampoco lo alquilan, simplemente lo utilizan cual herramienta, como usa el pintor sus manos.
En segundo lugar, ¿Qué es la dignidad? La RAE la utiliza como sinónimo de decoro, pero este último término tiene unas connotaciones tan propias de la moral cristiana que me niego a tratarlo como algo positivo.
La dignidad, a mi entender, puede verse como la ausencia de motivos para que nos avergüencen socialmente. Por eso decimos entre risas que hemos perdido la dignidad cuando nos caemos en público, y entre menos risas si nos ponen los cuernos. La dignidad conlleva, por tanto, la valoración social: según lo que nuestra sociedad considere motivo de vergüenza y humillación será lo que nos hará sentir que perdemos la dignidad.
Por tanto, si la sociedad dejara de una vez los absurdos tabús a un lado y se cansara de juzgar a las personas sin reflexionar siquiera en los motivos, la prostitución dejaría de verse como algo indigno.
Y en tercer lugar, si una prostituta acude a su lugar de trabajo mientras los hijos están en el colegio o con otras personas responsables, y les dedica tiempo siendo una madre amorosa que les permite educarse en el ambiente apropiado ¿sería justo quitarle a los niños solo porque tú eres un/a puritano/a? Pues no, no sería justo, y además no sería positivo ni siquiera para los niños por factores psicológicos de peso como el apego.
Lo que necesita la prostitución es mejor valoración social para que esas mujeres que escogen por voluntad ese trabajo estén protegidas como merecen por la justicia, en contra de esos pervertidos enfermos que sólo acuden a ellas porque pueden inflarlas a ostias y tratarlas como basura ya que nadie se lo va a impedir.
Regulación legal, para endurecer las penas a todos los que obligan a mujeres a ejercer la prostitución sin querer hacerlo.
Y sobre todo, sobre todo, dejar de juzgar a las personas por moralidades heredadas a ciegas y sin reflexionar, que son totalmente irracionales e incluso nocivas.
Yaoud

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